Cuando desperté, a la mañana siguiente, ella aun estaba allí.
-¿Por qué sigues aquí? Pregunté.
-Porque no sabía donde ir.
-Pero el pacto era que te irías por la mañana.

Ella no se quejó. Ni dijo gracias. Simplemente se levantó, se vistió y se fue.

Sé que cogió un avión y que el avión tuvo un accidente en pleno vuelo. Estaban en medio del oceano y cayeron todos al mar. Allí estuvieron jugando. Buscaron entre las maletas bañadores para todos y uno de ellos llevaba una pelota de goma, así que se lo pasaron en grande durante mucho tiempo. Pero la corriente y el hastío (incluso jugar con una pelota en la playa cansa) les llevaron de nuevo a la costa. Entonces ella volvió a mi casa. Me contó toda esta historia y me dijo que no sabía donde ir. Y que su maleta se había enganchado por el asa en la espada de un pez espada que estaba nadando a toda velocidad porque no llegaba a donde tuviera que llegar. Le llamó y le llamó, dice ella, pero el pez no le hizo caso. Maldito pez espada.

Fuimos a poner una denuncia. Describimos al pez espada: Como iba vestido, que acento tenía, en que estaba pensando, a que hora solía acostarse… esperemos que lo encuentren.

Entonces ella volvió a mi casa. Nos acostamos juntos, hicimos el amor y dormimos. Pero pactamos: Cuando te despiertes te irás.

Cuando desperté, a la mañana siguiente, ella aun estaba allí.
-¿Por qué sigues aquí? Pregunté.
-Porque no sabía donde ir.
-Pero el pacto era que te irías por la mañana.

Ella no se quejó. Ni dijo gracias. Simplemente se levantó, se vistió y se fue.

Sé que cogió un taxi. Pero el taxista no sabía manejar un vehículo y terminó empotrada en una galería de arte moderno. Ya que estaba allí se dió un garbeo y vió las obras. Conduciendo ella, eso sí. Después de una vuelta por la galería llevó al taxista a su casa y luego a unos cuantos clientes más. Pero seguía sin tener donde dormir en esta ciudad. Así que volvió a llamar a mi casa. Me ofreció dinero, pero no lo quise.

Nos acostamos juntos, hicimos el amor y dormimos. Pero pactamos: Cuando te despiertes te irás.

Cuando desperté, a la mañana siguiente, ella aun estaba allí.
-¿Por qué sigues aquí? Pregunté.
-Porque no sabía donde ir.
-Pero el pacto era que te irías por la mañana.

Ella no se quejó. Ni dijo gracias. Simplemente se levantó, se vistió y se fue.

Sé que fue en bici, pero no sé a donde. Se montó en la bici y encontró un circuito. Dio un montón de vueltas, pero, kilómetros después, no llegó a ningún sitio. Paró a comer durante el las horas de mediodía y conoció a un hombre que la invitó a ir a su casa. Entonces montaron en sus bicis y siguieron dando vueltas. Pero no llegaban a la casa del señor. Ella dijo que vivía muy lejos. Entonces llamó otra vez a mi casa y me contó como fue su día.

Nos acostamos juntos, hicimos el amor y dormimos. Pero pactamos: Cuando te despiertes te irás.

Cuando desperté, a la mañana siguiente, ella aun estaba allí.
-¿Por qué sigues aquí? Pregunté.
-Porque no sabía donde ir.
-Pero el pacto era que te irías por la mañana.

Ella no se quejó. Ni dijo gracias. Simplemente se levantó, se vistió y se fue.

Usó un monopatín para irse. Se agarró a la parte de atrás de un coche y se fue hasta Kuala Lumpur. Allí no entendía el idioma, pero era feliz. Con su monopatín viajó a todas partes: Se agarraba a la parte de atrás de bicis, de burros, de camiones, de utilitarios, incluso de un autobús. Viajó hasta senegal agarrada de la parte de atrás de un avión. Y un día vió un barco que volvía a la Ciudad Vertical. Y recordó que había dejado una goma del pelo en mi casa. Así que se agarró de la parte de atrás del barco y llegó a mi casa.

Nos acostamos juntos, hicimos el amor y dormimos. Pero pactamos: Cuando te despiertes te irás.

Cuando desperté, a la mañana siguiente, ella aun estaba allí.
-¿Por qué sigues aquí? Pregunté.
-Porque no sabía donde ir.
-Pero el pacto era que te irías por la mañana.

Ella no se quejó. Ni dijo gracias. Simplemente se levantó, se vistió y se fue.

Se que cogió un autobús. Se sentó donde quiso. Cambiaba constantemente de asiento y repetía el nombre de su acompañante. Menos de una monja, que repitió su posición social todo el rato: Monja monja monja.

Al final se sentó a su lado un hombre que le pagó con su misma moneda: Mercedes, Mercedes, Mercedes, Desmerce, Desmerce, Cedesmer, Cedesmer. Ella bajó aturullada. Estaba sin blanca y sin lugar donde dormir en la ciudad vertical. Así que se presentó en mi casa.

Nos acostamos juntos, hicimos el amor y dormimos. Pero pactamos: Cuando te despiertes te irás.

Cuando desperté, a la mañana siguiente, ella aun estaba allí.
-¿Por qué sigues aquí? Pregunté.
-Porque no sabía donde ir.
-Pero el pacto era que te irías por la mañana.

Ella no se quejó. Ni dijo gracias. Simplemente se levantó, se vistió y se fue.

Sé que cogió una escoba voladora. La usó para hacer barridas. Mejor con una escoba que con un avión, pensó. Volo y voló hasta más ver. Pero no sabía parar. Así que se estrelló en mi cocina, porque, como ya había dormido mucho en mi casa empezaba a tener confianza y algo así no puedes hacerlo en un sitio donde nadie te conoce.

Nos acostamos juntos, hicimos el amor y dormimos. Pero pactamos: Cuando te despiertes te quedarás conmigo.

Cuando desperté, a la mañana siguiente, ella aun estaba allí.
-¿Por qué sigues aquí? Pregunté.
-Porque así lo hemos pactado..

Ella no se quejó. Ni dijo gracias. Simplemente se levantó, se vistió y se fue. Se fue a desayunar.