"Amarillo", pensé, y fui tambaleándome a mi habitación para actualizar el blog

Citar con facilidad

EasyBib es una página web que te ayuda a citar fuentes siguiendo los principales estándares. Puede ser complicada de usar, pero, una vez que le pilles el truco,  te puede evitar muchas horas de formato de citas.

La página es muy útil, sin embargo, sigo sin saber -y este apartado falta también en esta web-  como se dice “es así porque es así y punto” en norma APA.


La importancia del público objetivo


La mediocridad en los mundos ficticios

“Si yo viviera en el mundo de Harry Potter…. Si yo viviera en el mundo de Harry Potter me entrenaría mucho, sería un mago muy poderoso”.

Esto lo hemos oido cientos de veces. Posiblemente incluso pensado.

“Sería un guerrero muy fuerte en el mundo de Bola de Dragón, porque me entrenaría muchísimo”.

Está clara la razón para no serlo aquí: por mucho que entrenes no moverás montañas. Por mucho que entrenes no tendrás magia.

Hay un juego, Myst, en el que existe un lenguaje que permite a los que lo conocen construir mundos y entrar dentro de ellos. Construyen entonces mundos a su medida y.. bueno, estoy aquí dando explicaciones y el juego es famosísimo, dio lugar a varios libros y no necesita presentación: no en vano fue el juego de Pc más vendido hasta que fue desbancado por Los Sims. El juego es una pasada y tiene una narrativa curiosa. Me lo pasé cuando salió en mi Performa , que es el mejor ordenador que ha existido y existirá.

Quería escribir algo inteligente y conciso y me estoy yendo por las ramas.

Si conocéis el juego estoy seguro de que habréis pensado: “si yo viviera en el mundo de Myst aprendería ese lenguaje y crearía unos mundos de la leche”.

Lo curioso es que, en el mundo real en el que vives, también puedes aprender un lenguaje y crear unos mundos de la leche y no lo has hecho. Ni siquiera lo has intentado. Tus abuelos no podían, ni tus padres, pero tú puedes crear mundos con las normas que quieras, con la gente que quieras y con las reglas que quieras. Cuanto más aprendas y más trabajes, más complejas.

Sólo te falta aprender a programar. Y hay herramientas muy sencillas.

Si no has aprendido a crear mundos en esta realidad, no creas que en otras realidades ibas a ser mejor, ni ibas a destacar: ibas a ser uno más del montón. Como todo el mundo. Ibas a ser de calidad media. O sea, mediocre, como lo que eres ahora.

 


Tú que vienes a Rondarme – María Arnal y Marcel Bagés


Uso (y disfrute) de un blog

La mayor utilidad del blog es que puedo saber como me va en cualquier momento, tener noticias mías para saber cosas de mí.


“Buena” (y falsa) publicidad

Este anuncio, que parece provenir de la película Movie 43, no es un gran anuncio porque muestra una negatividad que su público objetivo (creo que indiscutiblemente son mujeres) no va a apreciar. Además se ríe de algo tan delicado como la menstruación.

Sin embargo,tiene gracia y si lo viéramos como un anuncio real nos acordaríamos de la marca por mucho, mucho tiempo.


Mucha cuenta atrás…

y mucha prueba, pero ahora no me van los comentarios.

Bravo. Tendré que retocar a ver…

 

Edit: ya está todo en orden. Espero, supongo, creo, anhelo, etc.


Estos días he puesto una cuenta atrás que culmina en esto. Habría sido gracioso terminar la cuenta atrás con 0 y seguir con -1, -2, etc.  Hasta el final (festival del humor).

Ayer, de todos modos, ya debía estar claro, porque apareció la imagen del pingüino albino.

 

Blogtellas es esto

¿Qué es Blogtellas?


A mis 12 años de edad estuve a punto de ser atropellado por una bicicleta. Un señor cura que pasaba me salvó con un grito: «¡Cuidado!»

El ciclista cayó a tierra. El señor cura, sin detenerse, me dijo: «¿Ya vio lo que es el poder de la palabra?» Ese día lo supe. Ahora sabemos, además, que los mayas lo sabían desde los tiempos de Cristo, y con tanto rigor que tenían un dios especial para las palabras.

Nunca como hoy ha sido tan grande ese poder. La humanidad entrará en el tercer milenio bajo el imperio de las palabras. No es cierto que la imagen esté desplazándolas ni que pueda extinguirlas. Al contrario, está potenciándolas: nunca hubo en el mundo tantas palabras con tanto alcance, autoridad y albedrío como en la inmensa Babel de la vida actual. Palabras inventadas, maltratadas o sacralizadas por la prensa, por los libros desechables, por los carteles de publicidad; habladas y cantadas por la radio, la televisión, el cine, el teléfono, los altavoces públicos; gritadas a brocha gorda en las paredes de la calle o susurradas al oído en las penumbras del amor. No: el gran derrotado es el silencio. Las cosas tienen ahora tantos nombres en tantas lenguas que ya no es fácil saber cómo se llaman en ninguna. Los idiomas se dispersan sueltos de madrina, se mezclan y confunden, disparados hacia el destino ineluctable de un lenguaje global.

La lengua española tiene que prepararse para un oficio grande en ese porvenir sin fronteras. Es un derecho histórico. No por su prepotencia económica, como otras lenguas hasta hoy, sino por su vitalidad, su dinámica creativa, su vasta experiencia cultural, su rapidez y su fuerza de expansión, en un ámbito propio de 19 millones de kilómetros cuadrados y 400 millones de hablantes al terminar este siglo. Con razón un maestro de letras hispánicas en Estados Unidos ha dicho que sus horas de clase se le van en servir de intérprete entre latinoamericanos de distintos países. Llama la atención que el verbo pasar tenga 54 significados, mientras en la República de Ecuador tienen 105 nombres para el órgano sexual masculino, y en cambio la palabra condoliente, que se explica por sí sola, y que tanta falta nos hace, aún no se ha inventado. A un joven periodista francés lo deslumbran los hallazgos poéticos que encuentra a cada paso en nuestra vida doméstica. Que un niño desvelado por el balido intermitente y triste de un cordero dijo: «Parece un faro». Que una vivandera de la Guajira colombiana rechazó un cocimiento de toronjil porque le supo a Viernes Santo. Que don Sebastián de Covarrubias, en su diccionario memorable, nos dejó escrito de su puño y letra que el amarillo es «la color» de los enamorados. ¿Cuántas veces no hemos probado nosotros mismos un café que sabe a ventana, un pan que sabe a rincón, una cerveza que sabe a beso?

Son pruebas al canto de la inteligencia de una lengua que desde hace tiempo no cabe en su pellejo. Pero nuestra contribución no debería ser la de meterla en cintura, sino al contrario, liberarla de sus fierros normativos para que entre en el siglo venturo como Pedro por su casa. En ese sentido me atrevería a sugerir ante esta sabia audiencia que simplifiquemos la gramática antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros. Humanicemos sus leyes, aprendamos de las lenguas indígenas a las que tanto debemos lo mucho que tienen todavía para enseñarnos y enriquecernos, asimilemos pronto y bien los neologismos técnicos y científicos antes de que se nos infiltren sin digerir, negociemos de buen corazón con los gerundios bárbaros, los qués endémicos, el dequeísmo parasitario, y devuélvamos al subjuntivo presente el esplendor de sus esdrújulas: váyamos en vez de vayamos, cántemos en vez de cantemos, o el armonioso muéramos en vez del siniestro muramos. Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revólver con revolver. ¿Y qué de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una?

Son preguntas al azar, por supuesto, como botellas arrojadas a la mar con la esperanza de que le lleguen al dios de las palabras. A no ser que por estas osadías y desatinos, tanto él como todos nosotros terminemos por lamentar, con razón y derecho, que no me hubiera atropellado a tiempo aquella bicicleta providencial de mis 12 años.


Tom Cruise siempre corre, John Cusack siempre se moja, Harrison Ford siempre apunta con el dedo, Leonardo Di Caprio siempre brinda con el espectador etc etc etc

En MediaTrends  nos han recogido una recopilación de 10 actores que repiten las mismas acciones en muchas de sus películas.