"Amarillo", pensé, y fui tambaleándome a mi habitación para actualizar el blog

Alfa

Cuando subí al tren nos abrazamos, un abrazo largo y agradable. La revisora nos preguntó si yo era su acompañante. Le dimos los billetes y, según íbamos a la habitación, ella delante, con su espesísimo pelo rojo en dos coletas y unos vaqueros se dió la vuelta, mostrando la sonrisa más bonita del mundo y me besó. Un pico con sabor a Trident Regaliz. Después subimos a la litera y allí seguimos. Sus besos eran una mezcla de chicle de regaliz y fortuna 25.


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